jueves, 12 de noviembre de 2015

La privacidad ha muerto





¿Por qué decimos que la privacidad ha muerto? Porque el mundo cibernético tiene nuestros datos, sabe dónde estamos, sabe cómo nos llamamos, nuestra edad, nuestra profesión, la zona donde vivimos y con quienes nos relacionamos. 

En enunciados que nos presenta el documento del curso, nos afirman que cuando nosotros creemos estar hablando en privado con una persona ya sea por Facebook, whatsapp o cualquier otra red social, existen boots de mercadeo espiándonos, también boots y autómatas del gobierno y organismos internacionales espiándonos por cuestiones de “seguridad”.  La privacidad ha muerto señores, en cuanto al mundo virtual.

Ya no hay confidencialidad: cuando queremos mantener en secreto cierta información sobre nosotros o sobre terceros. Porque toda esa confidencialidad la hemos dado cuando abrimos nuestras cuentas particulares en redes sociales y correos electrónicos.

Existe un ejemplo reciente, donde el jugador del Real Madrid: Karim Benzema enfrenta juicio por chantaje a uno de sus compañeros, sin embargo las pruebas que lo vinculan a este caso fueron sacados por una radio francesa a través de escuchas telefónicas. Inmediatamente el abogado de Benzema demandó a la radio por violar la privacidad y la confidencialidad del jugador de fútbol. Este es un caso (independientemente si es culpable o no) donde claramente se puede ver que ya no existe privacidad, todos estamos vigilados.

Ya no hay ·  anonimato: representa la intención de que algunas de nuestras acciones no puedan ser relacionadas con nosotros como individuos específicos. Es muy combatido por las empresas de Internet, que quieren tener datos veraces de todos para poder segmentar publicidad. Y también por las agencias de seguridad que, virtualmente, consideran sospechoso a todo aquel que no quiere aparecer online con su nombre verdadero. Sin embargo, el anonimato online es imprescindible muchas veces para garantizar efectivamente el derecho a la libertad de expresión y el disenso político. Por lo mismo que he planteado anteriormente y porque aunque tengamos un perfil falso o una foto de perfil falsa, existe algo llamado ID de la computadora, que les permite rastrearnos.

Ya no hay identidad: podemos querer mantener nuestra identidad desconocida por cualquier razón, incluso cuando queremos separar nuestra identidad personal de la de una función pública. Las discusiones al respecto también surgen en el marco, por ejemplo, de los documentos “de identidad” obligatorios y biométricos (que, en realidad, son de “identificación”, que no es lo mismo). Porque nos siguen espiando y nunca podemos separar la identidad persona de la pública porque si cometemos algún ilícito, siempre juzgarán y nunca separarán lo privado de lo público.

Ya no hay autodeterminación: podemos considerar que algunas de nuestras acciones, actitudes y comportamientos son asunto nuestro y no incumben a nadie más (esos otros pueden ser desde empleadores hasta el Estado). No necesariamente implica ocultar un secreto (aunque el derecho a tener secretos también debería ser reivindicado).  Si contamos un secreto a un amigo por inbox, por DM, por mensaje de texto, estamos cometiendo un error, esa información ya la tienen entes espías.

·  control de los datos personales: se relaciona con el derecho a controlar la información que circula sobre nosotros (ej.: dónde se almacena, quién la ve, quién se asegura de que sea correcta, etc.). Por ejemplo, todos encontramos perfectamente correcto que nuestro médico conozca qué medicamentos tomamos. Pero muchos encontramos chocante y peligroso que haya empresas dedicadas a transcribir y almacenar en bases de datos, para luego venderlo, el historial de consumo farmacológico de cada ciudadano. 

Entonces amigos, estamos atados al mundo cibernético, las empresas de espionaje tienen nuestros datos, nuestras conversaciones, nuestro mundo, la privacidad ha muerto. De nada sirven los pactos y convenios internacionales sobre privacidad, porque siempre saldremos perdiendo.

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